jueves, 16 de febrero de 2012

Esta bitácora

Inicio

Hoy inicio esta bitácora, en ella voy a escribir una novela por entregas.

La llamo: RAPARIZ, Colegio Academia.

La podéis encontrar en esta dirección:

http://rapariz.blogspot.com o con el enlace de mis otras bitácoras:

ártabro” – http://artabro.blogspot.com

"Odiseas" – http://odiseas.blogspot.com

"Rúa del Villar" – http://ruadelvillar.blogspot.com

Podéis hacer en ella vuestros comentarios o bien enviarme un correo. Los agradeceré.

Jesús Máiz

miércoles, 15 de febrero de 2012

Capí­tulo 1 - Primer dí­a

Primer dí­a:

Muchas risitas oigo por aquí, Don Manuel, alias "Tato", hizo oír su voz sobre el murmullo de doscientos estudiantes en aquel aula de estudio, le llamaban así, a un local de treinta metros de largo por ocho de ancho, una especie de garaje con pupitres y bancos, que servía para que los alumnos, entre clase y clase, con un libro de texto abierto hacían que estudiaban, esperando su suerte.

Ponga la mano, chico. Tato se dirigía a mí, no me lo podía creer, solo había correspondido con una sonrisa, al saludo cariñoso de los compañeros de mi hermano mayor. No llevaba en el Colegio Academia RAPARIZ, ni un cuarto de hora y ya iba a recibir mi primera ración de palos.

Miré a mi hermano y a sus compañeros,... estaba solo. Comprendí que de esta no me libraba, mi primera lección.

Tato, me cogió la mano derecha y descargó con la fuerza de un hombre cinco palos, con una estaca de madera que siempre llevaba, de unos cuarenta centímetros de larga, por cinco de ancha y tres de gruesa.

El dolor, con la rabia y la impotencia, me penetró hasta lo más profundo.

Retorciéndome me separé de él, pero iluso de mí, aquello no había acabado. Me faltaban otros cinco en la otra mano.

Al acabar, me dijo: Póngase de rodillas, chico. De forma que sin darme apenas cuenta, estaba de rodillas cara a la pared, debajo de los percheros que circundaban el aula, con un libro abierto en el suelo, no podía sostenerlo en las manos, haciendo que estudiaba.

Tenía once años y aquel día era el primero, de los que viví en los cuatro años siguientes.

Continuará.......

martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo 2 - Tui

Tui:

Mi infancia son recuerdos, de un patio...., con un pilón de dos por dos metros y uno de profundidad, en él que se está cayendo un borracho.

Esta imagen quedó grabada en mi retina, me estoy viendo, a través del niño que fui, de poco más de dos años, observando el baño involuntario de aquella persona, con la cara pegada a los cristales de la galería posterior de la casa de Tui, en que un día de Febrero de 1949 nací.

Este patio pertenecía a un mesón, con puerta a la calle opuesta a la nuestra.

Mi familia, llevaba viviendo tres años en esta ciudad, a la que había llegado procedente de Ferrol, gracias al trabajo de mi padre.

Rosiña me intentaba tranquilizar, pero yo no quería salir de detrás del banquillo, que hacía de parapeto, ante la algarabía de gigantes y cabezudos, con su correspondiente ruido de cohetes, que era lo que me tenía angustiado.

La Corredera estaba llena de gente, fiestas de San Telmo.

No recuerdo haber llorado tanto, en toda mi vida.

Mamá me consoló, terminando el trabajo que, Rosiña no pudo acabar.

El monte Aloya quedó grabado, por aquel fin de semana que toda la familia, padres y hermanos, pasamos en uno de los albergues con literas. Yo dormí arriba.

Las fotos que papá nos hizo, reflejan una familia feliz y un enano regordete con la sonrisa perpetua, y algo más, según la fotografía, por aquel tiempo el mundo era amarillo.

Poco más acuerdo de aquellos años, solo adivino un colegio de monjas, una escuela de cagones, con niños pequeños con mandilón, sentados en bancos de su estatura.

Con tres años y medio, nos vamos a Jubia-Neda, siguiendo a mi padre en su destino.

Sé que mi padre dejó buenos amigos, el reloj Helvetia de oro, que lució en su muñeca toda su vida posterior, era el detalle con qué le obsequiaron al despedirse de ellos.

Durante años en mi casa, todas las Navidades, se recibía un paquete de dos kilos de café SICAL “O mellor café de Portugal”, con una negrita entrada en carnes en el envase, ¡qué rico estaba!, regalo de un comerciante de Tui, que no olvidaba lo mucho o poco, que hizo por él.

Papá, nunca hablaba de lo que hacía y menos presumir, como pude comprobar a lo largo de los años.

Recientemente estando a comer en casa de mis padres, le oí decir a mi madre:

¡Qué buena leche dio aquella vaca!.

Sorprendido e intrigado le pregunté, a que se estaba refiriendo.

Me explicó, que acababan de hablar en un telediario de Mario Conde, que estaba en su esplendor como figura emergente de las finanzas, y le había traído a la memoria, lo que así me dijo:

Los padres de Mario, que por los años de nuestra vida en Tui también vivían allí, ya que su progenitor era Vista de Aduanas, habían adquirido una “marela”, una vaca lechera, y la llevaron al jardín de su vivienda, para que sus hijos tuvieran buena materia prima en su sustento.

Extremo muy comentado, al parecer, en la sociedad tudense de la época.

No sé lo que de verdad, o exageración hay en ello, pero como idea me pareció genial.

Continuará....

lunes, 13 de febrero de 2012

Capítulo 3 - Jubia

Jubia:

Mi entrada a bordo de la cabina del camión de mudanzas, que llevaba los muebles y enseres de la familia, la tengo nítida en el recuerdo, pasamos la parroquia de San Nicolás con sus panaderías, El Carrizo la más conocida, bajamos la cuesta hacia Santa María y el río Belelle, que tantas veces fue reflejo de mis andanzas, para enfilar el trecho de la Cruz de los Caídos, monumento aislado en un pequeño jardín al lado de la carretera, a modo de mini cementerio, que dejaba constancia de los muertos de aquella guerra cercana, y que de alguna manera todavía no había terminado.

Al llegar al Portazgo, estaba allí, si, el tranvía, era el primero que veía, para después ser el Tótem, que presidió mis correrías en los años siguientes.

El camión tuvo que parar, le estaban dando la vuelta al “trole”, así llamaban a la pértiga, que lo enlazaba con el cable, que se extendía a lo largo de la línea Ferrol-Neda, y que le suministraba la energía eléctrica para su funcionamiento.

Esta operación la efectuaban, para invertir el orden de marcha, tirando a brazo de una cuerda, que hacía girar el trole, hasta colocarlo en el otro sentido.

Parece ser que aquellos cacharros, ya habían dado servicio en otro lugar (decían que en Valencia) y desde hacía varios años, venían haciendo este recorrido de unos 12 o 13 kilómetros, desde Casa Amador en Neda, famoso merendero, hasta el muelle de Curuxeiras de Ferrol, llevando a Ferrol gentes trabajadoras y mercancías de huerta, y trayendo pescantinas con parrochas y gentes agotadas de su duro trabajo diario, así como noticias y todo tipo de comentarios.

Al girar a la izquierda, dejamos a nuestra derecha la carretera de Vivero-Oviedo y enfilamos la cuesta, hasta el puente por él que el río Grande de Jubia, se entrega al mar.

En esta cuesta, habían alquilado nuestra nueva vivienda.

Jubia se encuentra en el fondo de saco de la ría de Ferrol, fondo y nacimiento también.

El monte de Ancos domina su vida y desde su cima, en días claros, se llega a ver La Coruña y las rías circundantes, así como la costa de Valdoviño.

La antigua Nacional VI, era una carretera de doble sentido, adoquinada desde Neda a Ferrol, con casas asomándose a ella, de tal forma que no era raro, los raspazos contra sus paredes de camiones y carromatos, y el doble carril del tranvía la surcaba por su derecha hacia Ferrol.

Era la única salida que tenía la ciudad Departamental, en sus comunicaciones por carretera con La Coruña, Madrid y la cornisa cantábrica, y Jubia con su puente de dos ojos tenía la llave para su acceso.

Por aquellos días, con su Círculo Mercantil, el cine de Area, el baile de carnaval, los restaurantes Casa Tomás y Casa Paco "El Argentino", Academia Labor, aserraderos, fabrica de hilados, Hierros Freire, almacenes de harina, tejeras, talleres, areneras, ferreterías, coloniales, farmacias, comercio y bancos, Jubia tenía vida propia.

La distancia a Ferrol, el tranvía tardaba una hora en hacer el trayecto, hacía que sus habitantes, al carecer en su gran mayoría de automóvil y no existir la televisión, tuvieran una relación muy estrecha, con frecuentes encuentros tanto públicos como privados.

Continuará....

 
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